... Los primeros cuentos de ...

01 octubre 2015

¡Hola hola!

Ya sabéis que en cuanto a temas de hacer cosas, mi cabecita no para de dar vueltas y últimamente con las cosas del blog, pues más aun y es que el otro día cuando le leía un cuento a mi niña pensé ¿porque no compartirlo con vosotros? y así surgió la idea.
Los primeros cuentos de Colección: TÚ ERES EL PROTAGONISTA está comprado en Carrefour. Aun que tengan los mismos 20 cuentos, cada portada puede tener o un niño o una niña dibujado y en algunos ya viene puesto el nombre como por ejemplo... Los primeros cuentos de Carmen, Los primeros cuentos de Hugo pero también los hay personalizados como el que cogimos nosotros para Ele. Vienen una serie de pegatinas con las letras del abecedario en el que puedes poner tu misma el nombre de tu pequeño/a y la verdad es que queda ideal.


Como veis, detrás de la marca de agua está el nombre de Ele personalizado.

Empecemos con el primer cuento.

-EL HUERTO DE ANA-

Ana estaba muy contenta porque, junto a su abuelo, había hecho un pequeño huerto en el jardín.

En los surcos habían plantado lechugas, zanahorias, tomates, y en cebollas y, en una esquina, pusieron una selección de hierbas aromáticas: romero, espliego y menta.

También habían reparado un pequeño bancal para plantar fresas, muuuuchas fresas.

A Ana le encantaban las fresas y sólo pensar que cosecharía sus propias frutas, la llenaba de alegría.

Ahora solo hacía falta esperar, con paciencia, a que todo creciera.

Cada día Ana iba al huerto y arrancaba las malas hierbas. Cuando veía que la tierra estaba seca, la regaba con mucho mimo..

La tomateras crecían rápidamente, pero muy desgarbadas.

Por eso, ella y su abuelo ataron los tallos a unos palos para que no se torcieran y crecieran bien rectos.

Cada día que pasaba, el huerto estaba más bonito.

Y empezaron a salir las primeras flores. ¡Qué ilusión!.

Todas las plantitas de fresas se llenaron de pequeñas flores blancas. Y en unos pocos días, esas flores se convirtieron en unas fresitas verdes que fueron creciendo y madurando hasta convertirse en unas hermosas fresas, grandes y de color rojo brillante.

Lo mismo ocurría con el espliego y el romero. ¡Qué aroma! Daba gusto pasear por el huerto solo para oler las flores.

Todo parecía que iba bien, hasta que una mañana temprano, en una de sus visitas diarias, Ana se llevó un gran disgusto. ¡En el bancal de las fresas había cuatro o cinco gorriones picoteando las primeras frutas maduras!

La niña corrió hacia ellos gritándoles y los gorriones alzaron el vuelo al instante.

¡Qué se habían creído! ¡Qué gorriones más gorrones!

Pero los gritos de Ana asustaron a los pájaros solo durante un ratito porque, a partir de aquel día y a todas horas, desde que salí el sol hasta que atardecía, siempre había gorriones picoteando las fresas.

¿Qué podía hacer? Después de mucho pensar, tuvo una idea.

Era lógico que los gorriones quisieran comerse las fresas. Pobrecitos, estaban hambrientos. Lo más justo sería compartir con ellos la cosecha.

Así que dividió el bancal en dos: una parte sería para los gorriones y la otra para ella. Además, en cada parte puso un cartel. En uno escribió: FRESAS PARA ANA. En el otro: FRESAS PARA LOS GORIONES.

La niña estaba satisfecha. Ahora las cosas estaban claras y cada uno tenía lo suyo.

Pero el invento no funcionó. Su abuelo, al verla triste por el fracaso, le dijo:

-Ana, los gorriones, no saben leer, pero son muy asustadizos. Tenemos que encontrar un modo de ahuyentarlos.

Después de darle vueltas y más vueltas, Ana dio con la solución.

Cortó unos trozos de cintas de colores vivos y en uno de los extremos de cada cinta pegó un pequeño cascabel. Después ató las contas a unos palos parecidos a los que había utilizado para las tomateras. Y por último, "plantó" esos palos esparcidos por el bancal de las fresas.

¡Ahora sí funcionó su invento! Los gorriones, al ver las cintas de colores agitarse al viento y oír el ruido que hacían los cascabeles, se asustaron y ya no volvieron a picotear las fresas.

Al fin, pasadas unas semanas, Ana y su familia pudieron relamerse con las fresas más dulces y jugosas que jamás habían probado.

Y, además, el huerto de Ana, se convirtió en una atracción para sus vecinos: ¡nunca había visto un huerto tan bien "decorado"! 


*Recordad que cada Jueves, os pondré un cuento diferente* ¡No faltéis a la cita!

4 comentarios:

  1. Lo vi en instagram, y una amiga me lo recomendó... Lo buscaré en mi próxima visita al súper.

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  2. Que bonito el cuento, además hacía mil que no leía uno, y la idea de que lo hayas personalizado me ha encantado. Besitos Nusa!

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    1. Gracias! A la chica le gusta mucho sobre todos las ilustraciones!

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